Defender la tierra y los derechos humanos en Colombia sigue siendo una actividad profundamente peligrosa. Según la Defensoría del Pueblo, entre enero y junio de 2025 se documentaron 89 asesinatos de líderes y lideresas sociales, y desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016 se han registrado más de 1.577 homicidios de personas defensoras en el paísii. Este contexto de violencia afecta especialmente a quienes defienden el territorio en zonas donde confluyen economías ilegales, disputas armadas e intereses extractivos. Cuando se trata de mujeres lideresas, el riesgo adquiere dimensiones específicas, ya que además de amenazas y asesinatos, enfrentan violencias basadas en género como estigmatización, violencia sexualiii y ataques contra sus familias, utilizadas como mecanismos para silenciar su liderazgo. Como advierte la Defensoría del Pueblo en su informe sobre las mujeres defensoras: “cada mujer que alza la voz por la justicia y por la defensa de los derechos humanos requiere garantías plenas para ejercer su liderazgo sin miedo”iv.
En muchos lugares de este territorio, las mujeres han asumido roles fundamentales en la organización comunitaria. En los barrios populares, sostienen la vida cotidiana: se reúnen para impulsar pequeños emprendimientos, para aprender y enseñar oficios, para organizar ollas donde hierven sancochos, arroz con yuca y plátano, o simplemente para escuchar y acompañar a una vecina que sufre violencia o a una niña que se anima a contar lo que le pasó. En esos espacios compartidos, la palabra y el cuidado también se vuelven una forma de resistencia cotidiana. En los territorios rurales, su liderazgo se expresa en mingas, procesos campesinos y redes de cuidado donde las mujeres siembran, defienden el agua, protegen los ríos y los cerros, acompañan a víctimas del conflicto armado y sostienen la memoria de sus comunidades. Allí, la defensa del territorio no es una consigna abstracta sino una práctica diaria que atraviesa la siembra, la alimentación y el cuidado de la vida colectiva. Como señala la antropóloga feminista latinoamericana Rita Segato “Las mujeres han sido históricamente las gestoras y administradoras de la vida en comunidad”v. De estas tramas cotidianas también nacen liderazgos que, desde distintos territorios, continúan defendiendo la vida y los derechos de sus comunidades, muchas veces acompañados por redes de apoyo y organizaciones que trabajan por la protección de personas defensoras de derechos humanos, como Brigadas Internacionales de Paz.
Liderazgos que nacen del territorio
Están las muchas mujeres que, en todos los territorios de Colombia, sostienen procesos de defensa de la vida sin ocupar titulares ni recibir reconocimientos públicos. Son lideresas comunitarias, campesinas, indígenas, afrodescendientes, madres, vecinas y jóvenes que organizan encuentros, acompañan a víctimas, cuidan el territorio, defienden el agua y mantienen viva la memoria de sus comunidades. Su trabajo cotidiano, muchas veces silencioso, se convierte en un ejemplo para otras mujeres que comienzan a alzar la voz y a fortalecer sus propios procesos organizativos. En esos espacios compartidos, en una reunión comunitaria, en una minga, en una cocina donde se conversa mientras se prepara la comida para muchas, también se gestan liderazgos y se transmiten experiencias de resistencia. Allí, donde la vida se cuida y se organiza colectivamente, se siembran las voces que mañana seguirán defendiendo los derechos, la dignidad y el futuro de sus territorios.
Algunas de estas luchas toman forma en liderazgos que nacen del territorio y se sostienen en el tiempo, a pesar de las amenazas y los riesgos. Quisiéramos nombrar a algunas de ellas, sabiendo que detrás de su trabajo hay otras cientos de mujeres y comunidades que trabajan por una vida más digna.
Un ejemplo es el de Jani Silva, lideresa campesina del departamento del Putumayo y presidenta de la Asociación de Desarrollo Integral Sostenible Perla Amazónica (ADISPA)vi. Desde hace décadas, Jani participa en la defensa de los derechos de las comunidades campesinas de la Zona de Reserva Campesina La Perla Amazónica, un territorio donde las familias luchan por proteger la selva, los ríos y sus formas de vida frente a la violencia armada y las presiones sobre la tierra. Su liderazgo ha sido clave para fortalecer la organización comunitaria y promover alternativas de desarrollo para las comunidades rurales de la región.
Su trabajo ha tenido reconocimiento internacional. En 2024 recibió el Premio de la Paz del estado de Hesse (Alemania), que destaca iniciativas en favor de los derechos humanos y la construcción de pazvii.
Otra forma de defensa se expresa en el acompañamiento a quienes buscan verdad y justicia frente a las desapariciones forzadas. Andrea Torres Bautista, abogada y defensora de derechos humanos, lidera la Fundación Nydia Erika Bautista quien acompaña a mujeres buscadoras de distintas regiones del país, brindando asesoría jurídica y formación para que puedan conocer y ejercer sus derechos en procesos de búsqueda y justicia. Su trabajo está atravesado también por una historia familiar de lucha contra la impunidad: es sobrina de Nydia Erika Bautista, víctima de desaparición forzada, e hija de Yanette Bautista, reconocida defensora de derechos humanos e impulsora de la ley que reconoce la labor de las mujeres buscadoras en Colombia. Desde su práctica profesional, Andrea contribuye a fortalecer las capacidades de estas mujeres para exigir verdad, memoria y garantías de no repeticiónviii.
También desde el suroccidente del país, Berenice Celeita y Olga Araujo, defensoras de derechos humanos y lideresas de la Asociación para la Investigación y la Acción Social Nomadesc, han dedicado su vida a acompañar procesos organizativos de comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas en la defensa de sus territorios y de sus derechos. Su trabajo ha estado profundamente ligado a la educación popular como herramienta para fortalecer los movimientos sociales y reconstruir los tejidos comunitarios afectados por el conflicto armado. En ese marco, junto con Nomadesc, han impulsado la Universidad Intercultural de los Pueblos, un espacio de formación y encuentro donde líderes y lideresas de distintos territorios dialogan sobre los saberes de los pueblos, los planes de vida comunitarios y las alternativas de desarrollo para sus territorios. Como ellas mismas han señalado, estos procesos buscan reconocer “los saberes de todos los pueblos” y fortalecer el conocimiento colectivo que surge desde las comunidadesix.
Todas somos indispensables
El 8 de marzo también es un día para detenernos y mirar hacia atrás. Para recordar a las mujeres que, desde distintos lugares y momentos de la historia, dedicaron su vida a abrir caminos para que hoy podamos ejercer derechos que antes parecían imposibles. Muchas de ellas fueron lideresas visibles, otras actuaron desde espacios más silenciosos, sosteniendo comunidades, acompañando procesos de organización o resistiendo en medio de contextos profundamente adversos. Gracias a esas luchas hoy existen más voces, más espacios de participación y más mujeres que se atreven a defender la vida, la tierra y la dignidad de sus pueblos.
Este 8 de marzo puede vivirse de muchas maneras: celebrando, marchando, recibiendo flores o simplemente reclamando silencio para pensar y recordar. Más allá de esas formas de sentirlo, este día sigue siendo, sobre todo, una fecha para conmemorar, agradecer y reconocer que cada mujer que alza la voz o cuida la vida en su comunidad hace parte de una misma historia colectiva.
En ese camino, las mujeres que hoy defienden los derechos humanos en Colombia, nos recuerdan que todas somos necesarias e indispensables, que no estamos solas porque los dolores y las alegrías se comparten, y que cada paso cuenta para seguir conquistando los derechos que aún faltan. Sus compromisos apuntan a algo profundamente sencillo y a la vez urgente: la posibilidad de una vida digna para todas las personas, desde un feminismo que nos aloje, nos contemple en nuestras diversidades, reconozca nuestras similitudes y siga abriendo camino para que las próximas generaciones crezcan en un mundo donde la defensa de la vida no cueste la vida.
ii https://www.defensoria.gov.co/web/guest/-/persistente-violencia-contra-lideres-sociales-y-firmantes-de-paz-en-colombia
iii https://rutasdelconflicto.com/notas/las-mujeres-siguen-haciendo-frente-la-violencia-317-lideresas-asesinadas-2016
iv https://www.defensoria.gov.co/-/informe-violencias-persistentes-contra-defensoras-de-derechos-humanos-y-mujeres-lideresas-sociales
v Segato, R. L. (2016). La guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de Sueños.
vi https://peacebrigades.org/es/noticias/jani-silva-guardiana-del-coraz%C3%B3n-cuerpo-y-alma-de-la-amazonia-colombiana