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Tierra y Territorio

El fútbol fue violencia

Antes de anochecer, un pequeño grupo de hombres y mujeres se reúnen en el waffe, (puerto), de Turbo para poner velas en vasos de plástico, que sirven de improvisadas antorchas, y las reparten a los presentes, junto con unas banderas blancas con la palabra “paz” escrita. Las niñas se las colocan en sus moños, dándole un tono más pintoresco al grupo, que es cada vez más numeroso y que ya está pronto para marchar. Al caer la noche, comienza la caminata, en silencio, por las calles de Turbo, bajo las miradas curiosas de los lugareños.

Cacarica nuevamente en medio del conflicto y la violencia

Hace veinte años sucedió lo inimaginable en el asentamiento de Bijao - Cacarica, (en la región del Bajo Atrato, Chocó). Entraron los paramilitares, se llevaron al campesino Marino López, lo amarraron, lo torturaron, lo mataron, le cortaron la cabeza y, luego, jugaron al fútbol con ella.

Pitalito: entre el despojo y el desalojo

En el departamento del Cesar, el Equipo Jurídico Pueblos (EJP) acompaña a comunidades que han sido despojadas y desplazadas de sus tierras por el neoparamilitarismo y que hasta el día de hoy, no han logrado recuperar sus predios, a pesar de la implementación de normas y leyes como la Ley de Restitución de Tierras, que pretendía devolver para 2014 unos dos millones de hectáreas a cerca de 400.000 familias desplazadas por la violencia.

Restitución de tierras en la cuenca de Curbaradó

Entre 1996 y 1997 las comunidades del Bajo Atrato fueron víctimas de operaciones militares y paramilitares que causaron el desplazamiento masivo de más del 70% de la población[1], además de asesinatos, casos de tortura y desapariciones[2]. Después del desplazamiento, se fueron instalando en el territorio empresas bananeras y palmeras[3].

Buenaventura: El despojo del mar

La Asosiación para la Investigación y Acción Social (Nomadesc) trabaja en la defensa de los derechos humanos en la ciudad portuaria de Buenaventura desde el año 1999, cuando iniciaron las acciones de los frentes Pacífico y Farallones del Bloque Calima de las Autodefensas Unidades de Colombia (AUC), que dejaron una estela de crímenes, despojo, desplazamiento y desaparición forzada desde Cali hacia Buenaventura.

Entre el desplazamiento y la búsqueda de una vida digna

A finales del año 2014, la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, (Cijp), comenzó a acompañar a la comunidad indígena wounaan del caserío Unión Agua Clara (ubicado en zona rural de Buenaventura a la orilla del río San Juan, que marca la línea divisoria entre la selva del Valle del Cauca y la del Chocó), que se vio obligada a desplazarse hacia el puerto de Buenaventura por causas relacionadas con el conflicto armado: la presencia de grupos al margen de la ley, los operati